Hoy en día, todos los grandes congresos del mundo tienen como tema central la vitalidad de la innovación en los procesos diarios de las grandes organizaciones para estar un paso por delante de su competencia. Esta, cuando se hace bien, les proporciona mayor agilidad e incrementa su habilidad para detectar y responder a los cambios. Introducir esta cultura de la innovación al interior de las organizaciones es bastante más que lograr la generación de nuevas ideas, para esto, es necesario  que los procesos o servicios que estas generen sean idealmente predecibles, repetibles y sostenibles.

Una de las herramientas que más se ocupa para el cumplimiento de estos procesos o servicios es el “design thinking” (o “pensamiento de diseño”), metodología creada a mediados de los ’90 en la Universidad de Stanford, cuya finalidad es generar el análisis de problemas complejos y su resolución colectivamente a través de cinco pasos: empatizar, definir, idear, prototipar y testear. Todo enfocado a través de valores humanos, bajo un sello de diversidad disciplinar y colaboración radical.

En la actualidad, cada día más personas llegan a vivir a la ciudad, las que se hacen más densas y comienzan a aparecer nuevos desafíos, cada vez más complejos, que muchas veces nos son alertadas por el Estado, para lo cual la sociedad civil debe actuar y buscar maneras innovadoras de solucionar los problemas que enfrentan.

Ésta densidad ha provocado que en ciudades de Latinoamérica se profundice la segregación existente. En Santiago de Chile, por ejemplo, una persona que vive al sur de la ciudad puede demorar más de 2 horas en llegar a donde se encuentra su trabajo, puesto que en su lugar de residencia no encontraría uno en donde obtenga un salario que pueda solventar en parte sus gastos mensuales. Así entonces, problemas como la conectividad, la inseguridad, la segregación urbana y la falta de espacios públicos de esparcimiento, por nombrar algunos, nos está pasando la cuenta respecto a nuestra calidad de vida.

Un caso de éxito y en donde si han resuelto estos problemas de conectividad y salud de las comunidades es en Rio de Janeiro, Brasil. Una de las favelas más grandes, “Complexo do Alemao”, posee un teleférico que traslada diariamente más de 40.000 pasajeros para llegar a su lugar de trabajo, mejorando significativamente la salud de la ciudad, puesto que sus habitantes pueden destinar más tiempo a realizar otras actividades.

A comienzos de semana se confirmó el remplazo de Transmilenio en Bogotá debido a buses totalmente llenos, largas esperas y paraderos colapsados, ¿Cómo lograron que un modelo que fue ejemplo en américa latina durante los primeros años del siglo fracasara de esta manera? El status quo de la ciudad en materias de transporte público es impresionante. En el caso colombiano se viene planificando un metro desde 1950, cosa que aún no ocurre, faltando implementar una mejora continua al sistema, lo que no ocurrió y terminó por pasar la cuenta.

Cabe entonces preguntarse: ¿Cómo podríamos rediseñar ciudades para mejorar la conectividad y salud de las personas y comunidades?, ¿Cómo podemos utilizar los espacios públicos para realizar mejoras?, ¿Cómo podemos diseñar nuevos servicios para ayudar a los habitantes de la ciudad o un sector de ella que lo necesite? ¿Qué están haciendo las autoridades competentes sobre innovación urbana? ¿Cuál es el rol de las universidades en la innovación urbana y tecnológica? ¿Las universidades destinan tiempo para entregar ideas y trabajar junto a la comunidad en donde se encuentran insertos?

La ciudad merece que la cuidemos y avancemos en un desarrollo más integral y participativo. A través de metodologías como el design thinking, se podría lograr adquirir variados conocimientos sobre un determinado territorio, y junto a la comunidad, imaginar cómo implementar posibles soluciones a un problema en específico, de esta forma comprenderemos y detectaremos que es lo que quiere la ciudadanía con el fin de lograr ciudades inclusivas, competitivas y más atractivas para el resto.

En plena era de las comunicaciones y el boom de innovaciones tecnológicas, debemos ir en busca de ciudades más imaginativas en su manera de comunicar, de gestionar y de cooperar, estableciendo mecanismos de innovación de procesos en su diario vivir. Los actores que tienen niveles de incidencia en su diseño, desde planificadores urbanos hasta ministros de estado, apoyados por estas herramientas de diseño, tienen una gran oportunidad de mejorar sus capacidades creativas, de relación, cooperación e intercomunicación. La ciudad necesita un respiro.

Por: Gerardo Ureta Campos @gerardouretaSebastian Gonzalez Fornazzari @sgofor, ambos co fundadores de @MetropoliticaCL

Columna publicada para El Mercurio de Valparaíso

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