Un grupo de parlamentarios de la Democracia Cristiana (Diputados señores Fuad Chahín, Marcelo Chávez, Aldo Cornejo, Sergio Espejo, Iván Flores, Pablo Lorenzini, Víctor Torres y Matías Walker), presentó un proyecto de ley que busca regular el cobro de parquímetros y estacionamientos de clínicas u hospitales, centros comerciales, malls, strip centers, supermercados y otros locales similares (Congreso Nacional, Boletín N° 9729-03), obligandolos a establecer 2 horas y 30 minutos gratis iniciales.

En principio el Gobierno se opuso, pero luego puso suma urgencia al calificarlo como un proyecto ciudadano. La pregunta inmediata es: ¿cual es el carácter de “proyecto ciudadano”?. Vemos constantes esfuerzos de autoridades de gobierno central y locales, universidades, ingenieros, urbanistas y ciudadanía en general por desincentivar el uso del automovil, por lo que este proyecto va en linea contraria a los esfuerzos.

Un incentivo al uso del automóvil de este tipo incrementa el flujo vehicular, lo que necesariamente aumenta la contaminación por emisiones (Material Particulado, CO, NOx, COV, SO2 y otros), el riesgo de accidentes, el ruido por tráfico, y además aumenta la congestión en zonas y períodos de alto flujo.

En el caso de los Malls, la ley general de urbanismo y construcción señala que los locales comerciales tienen la obligación de contar con estacionamientos en número suficiente para ejercer su actividad, lo que se entiende como necesario para acoger al importante flujo de clientes que atraen. No obstante, ello no significa que no puedan cobrar por su uso.

Si pensamos en términos económicos el raciocinio es simple: tratándose de un bien escaso y habiendo clientes dispuestos a pagar por el uso del estacionamiento, la mejor forma de asignar el recurso (espacio) entre quienes más lo valoran es cobrando por él, evitando la congestión y el mal uso de los estacionamientos. Si, en cambio, las personas no estuvieran dispuestas a pagar por estacionar, los centros comerciales reconocerían la demanda insatisfecha, y buscarían competir ya no solo por ofrecer mejores tiendas, productos y servicios, sino por quién ofrece más tiempo “gratuito” en sus estacionamientos.

Lo anterior revela que, nos guste o no, los precios reflejan escasez, y la oferta, cuando los precios son libres, más temprano que tarde, tiende a ajustarse. Así, si se le impide al inversionista rentabilizar la construcción de estacionamientos, habrá dos resultados posibles: o se financian a través de un mayor cobro a los locatarios (quienes al menos en parte lo recargarán al precio), o habrá un nuevo precio a pagar: el mayor tiempo destinado a buscar estacionamiento disponible.

Por otra parte, en caso de que este proyecto fuese promulgado, quienes no utilizan el auto actualmente para desarrollar sus actividades, ahora tendrán el incentivo a usarlo, puesto que será gratis. Una mejor política de estacionamientos es que estos cobros sean altos, para desincentivar su uso.

Seguir pensando la ciudad de forma aislada, con proyectos inconexos es no entender la ciudad. Es no proyectar, planear, pensar. Necesitamos que el Ejecutivo y el Legislativo se pongan a tono y en sintonía con los nuevos tiempos, y también, que se pongan de acuerdo entre ellos sobre que línea o directriz política publica urbana utilizarán.

Quien paga los platos rotos es la ciudad.

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