Por ahí escuché a un importante e influyente personaje público proponiendo extirpar todos los Paltos del Valle del Rio Aconcagua en beneficio de la Gran Minería del Cobre.

Tiembla el país cuando el Gobierno anuncia la creación de un comité de Expertos para desarrollar una política determinada, vivimos en la subjetividad de la mirada restrictiva, nos gobiernan tendencias de “especialistas” que no se asoman a la ventana y no se reconocen como una variable más de un Sistema Complejo en que no hay unos más importantes que otros. Como se ha dicho, las condiciones están dadas para dejar de plantearse ante prioridades que de plano implican dejar temas de lado.

Ideas como la de “Paltas o Cobre” son la base de una sociedad que se mueve y se proyecta contraponiendo, ricos o pobres, obreros o gerentes, incluso sectores productivos entre si. Esta es una inequidad estructural resultante de la falta de visión sistémica. Si reconocemos el funcionamiento de cada país, y de América Latina, como un sistema multifactorial, podemos notar que al debilitar un sector ponemos en riesgo al sistema completo.

Podemos preguntarnos qué políticas se deberían aplicar para lograr el desafío de saltar a la equidad, sin embargo responder a esta pregunta no es promesa de una modificación sustancial que active el cambio, es decir, antes de imaginar y elaborar las políticas necesarias para lograr la equidad, la reflexión nos debe llevar hacia cómo subsanar el problema de mentalidad que nos entorpece el desarrollo.

Nuestra sociedad es diversa en pensamientos, pero cuando llegamos a las altas esferas del poder la homogeneidad es inquietante, las veces en que surge un pensamiento que intenta replantear y modificar es rápidamente absorbido por el status quo imperante, no entraremos en el detalle de los intereses creados que alimentan este pantano, pero si podemos referirnos a la falta de representatividad que se evidencia en la falta de presencia de las ideas renovadoras en la creación de las políticas orientadas a la Equidad. Esto no es ninguna novedad, es la razón por la cual varias veces al mes las calles se llenan de “IGNORADOS” (me gusta más ese concepto que el de indignados para América Latina), la sociedad sale en masa a recordar “al que no ve ni oye” que efectivamente existe y que este gran grupo humano es una realidad que evita desde su burbuja. La diversidad de temas por los cuales “la gente” sale a las calles es un recordatorio de que no se está trabajando de manera integral, la sociedad está juzgando cuales son los temas que se están dejando fuera y que le resultan vitales.

No debemos preguntarnos entonces qué políticas llevar a cabo, el ojo debe ser puesto en el cómo se desarrollan y quienes participan, leemos todos los días reflexiones contundentes, visionarias y muy posibles en artículos que provienen de los llamados “thinktank” locales, sin embargo no sabemos quienes y cómo preparan las políticas al interior de los gobiernos, cómo se conforman los grupos de trabajo y quiénes son llamados a dar su aporte para el desarrollo de políticas, sabemos que la conformación de los equipos no es satisfactoria por los resultados, estamos constantemente viendo implementación de políticas cojas e incluso algunas tendientes a “dibujar” escenarios que favorecen al sector gobernante de turno, provocando incluso retroceso en áreas que gobiernos anteriores pudieron avanzar.

Desde una perspectiva filosófica, estamos fallando tanto en Amor como en Respeto, que juntas podríamos llamar DIGNIDAD, pareciera que el bien común ha dejado de ser la búsqueda, que la mano más fuerte, o más pudiente, es la que tuerce el timón hacia su lado, me refiero a que “la mano” que a ojo de economista genera la ganancia más grande es quien pesa más, no quien genera más beneficios transversales. Las cifras de productividad están dando origen a un análisis numérico en busca de algo que no se define con cifras, el desarrollo es un concepto que incluye “crecimiento económico”, pero no es su sinónimo. En Chile hoy pesa más un consumidor que un ciudadano, que no es lo mismo.

Si quisiéramos dar una visión biológica a nuestra sociedad, podríamos decir que el obstáculo para este objetivo está dado por la falta de cooperación propia de un sistema individualista, una sociedad de cooperación tiende al bien común y aun si en ella hay algún parásito esta puede lograr el éxito, ya que todos están conectados generando un soporte para la comunidad completa. Nuestro sistema individualista, que sobrevalora las libertades individuales, aun cuando éstas atenten contra el grupo, tiene la tendencia a legitimizar el poder económico como imagen consagrada del éxito, aun cuando el camino haya sido cuestionable… Es cosa de ver como reaparecen candidatos que alguna vez abusaron de su cargo público, con éxito, y son reelegidos. Ejemplos de esto tenemos no solo en los programas de farándula, oímos a diario cómo se ensalza al “pillo”.

Este no es un diagnóstico novedoso, el ser humano viene hace siglos pensando en la importancia de fortalecer ideas de bien común y cooperación mutua, sin embargo el hecho es que el sistema económico nos lleva hacia el lado opuesto y con una fuerza irrefrenable. En la Historia reciente, hemos alternado procesos de una enorme conciencia, en que la ciudadanía se ha levantado en esta búsqueda, con procesos de letargo y sopor en el que el sistema nos lleva mecidos por su tibia corriente. ¿A qué se deben estos despertares cíclicos? ¿Será que si las condiciones se dan nos dejamos hacer y solo despertamos cuando nuestra estabilidad individual de ve tan amenazada como la del vecino?
Tal vez importe poco este “Qué” ¿Podremos concentrarnos en instaurar un sistema donde fluyan las ideas y se pongan sobre la mesa todas las políticas para poder analizar las relaciones entre ellas y medir de esa forma su posible efectividad?

A mi modo de ver, solo se podrá dar un salto exitoso cuando las políticas económicas no sean distintas de las políticas sociales y educacionales, cuando entendamos que la productividad del sector agrícola determina con la misma fuerza el crecimiento económico del país que el volumen de extracción del cobre. Sin embargo, claramente es trabajo de largo aliento y la cooperación muta se enseña y se aprende, el autoconocimiento, la creatividad y todas las habilidades que hacen de una sociedad una sociedad exitosa, se entrenan con maestros que estén dispuestos a reconocer en las personas seres individuales y valiosos transversalmente por si mismos (no por cuna), la escuela o la universidad es un apoyo y complemento a cada uno y el resultado del proceso determinará el aporte.

En países como Chile seguimos potenciando establecimientos educacionales de elite, con lo que estamos generando un sistema intelectualmente entrópico en las altas esferas del poder (económico y político), por eso es que vemos que nada se mueve, la cúspide de la pirámide no quiere abrirse por temor a perder lo que su energía individual ha acumulado, y en esta obsesión no puede ver el peligro del desgaste que genera en la base que la sostiene. Hoy la base ruge y la elite da palos de ciego por aferrarse a su comodidad.

Es posible que la estabilidad democrática no sea determinante a la hora de hablar de equidad, como variable está sujeta a moverse según el ánimo ciudadano y vemos que las calles llenas hablan de un sistema democrático de baja representatividad. La estabilidad económica y el crecimiento económico por su parte son más bien un resultado estadístico, este año circuló insistentemente en las redes sociales el antipoema de Nicanor Parra que dice: “Hay dos panes. Usted se come dos. Yo ninguno. Consumo promedio: Un pan por persona.” Tenemos que preguntarnos entonces

¿Estamos poniendo el ojo en los indicadores adecuados para llegar a la Equidad?

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