En diciembre del 2013, el Ministerio de Vivienda y Urbanismo llevó a cabo un evento denominado “La Fiesta de la Clase Media”. Este evento celebró la asignación de 47.000 subsidios habitacionales de “clase media” (válidos para viviendas de hasta 2000 UF) en el último año. Dicha cifra parece una buena noticia, pero existen dudas razonables respecto de su éxito real.

Las grandes ciudades de Chile enfrentan una crisis de acceso al suelo urbanizado, agravado por el fracaso de las políticas de transporte público. Esta crisis se caracteriza por la irrupción de una nueva y precaria clase media, que presiona por acceder a barrios mejor equipados y conectados. Debido a que los atributos urbanos se concentran en pocas comunas, la demanda por vivir en mejores barrios, se traduce en el incremento del costo del suelo, propagándose la edificación en altura.

Adicionalmente, en la medida que sube el precio de las propiedades, el incremento del valor de suelo, se “rebalsa” desde las comunas más demandadas hacia barrios adyacentes. En consecuencia, el costo de suelo actúa como un elemento discriminador, que expulsa a quienes no pueden pagar por viviendas bien localizadas, apareciendo un patrón se segregación según el ingreso.

El país no enfrenta una burbuja inmobiliaria, sino un problema de inequidad urbana. Actualmente, las familias de clase media abordan el dilema consistente en adquirir un departamento bien localizado, pero reducido o privilegiar mayor espacio, lejano al centro. Como el costo de transporte y el tiempo de desplazamiento son claves en el presupuesto, las familias sacrifican espacio, experimentando las comunas “céntricas” un notable crecimiento en la última década, tanto en Santiago como en el Gran Valparaíso.

Por lo anterior, no hay ninguna seguridad respecto a que los subsidios “de clase media” recientemente entregados por el MINVU sean recepcionados por proyectos bien localizados y de calidad espacial.

Anteriormente, los subsidios de clase media se asociaban a sectores específicos de la ciudad, focalizándose espacialmente los recursos. Dicha medida, permitió transformaciones urbanas en barrios deteriorados. Hoy, por el contrario, al expandirse el subsidio a casi todas las comunas del país, se ha producido la absorción de este beneficio por parte del mercado de suelos, diluyéndose su impacto territorial.

No hay motivos para que la clase media esté de fiesta. Lo que hay son familias, que se verán imposibilitadas para acceder a buenos barrios, con viviendas de calidad. Siendo la clase media, un fenómeno absolutamente urbano, preocuparse de ella implica invertir en la ciudad. Lo anterior no es factible mediante el mero juego de la oferta y la demanda, sino a través de la intervención directa del Estado mediante obras de conectividad, espacios públicos y el control del suelo fiscal, mejorando la oferta urbana. Vale recordar, que las clases medias, hacen las revoluciones.

Columna publicada en El Dínamo. 28 de enero 2014.

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