Actualmente, una mitad de la humanidad vive en ciudades y la población urbana aumentó desde aproximadamente 750 millones en 1950 (un 68% de la población mundial estaba en los países en desarrollo, frente a un 8% de los países menos desarrollados), hasta 3.600 millones en 2011. Hacia 2030, casi un 60% de la población mundial residirá en zonas urbanas. El año 2000 el planeta estaba poblado por más de 6.100 millones de habitantes, creciendo a un rimo anual de 1,2% (77 millones de personas al año).

Las cifras abundan. Lo clave es que las ciudades están creciendo muy rápido, más del 90% del crecimiento poblacional en países en desarrollo tiene lugar en las ciudades. El crecimiento de las éstas significa que deberán prestar servicios a cantidades de personas sin precedentes; servicios como vivienda y educación a costos accesibles, agua potable y alimentos, aire puro, un entorno libre de delincuencia y transportes eficientes. El escenario de la economía global está formado por economías locales que acumulan población, actividad económica, producción científica, atracción de inversiones, nuevas infraestructuras de transporte y movilidad, consumo de territorio. El desarrollo de las ciudades y las oportunidades de creación de bienestar, de actividad económica y oportunidades de creación de empleo son aspectos que ya no dependen necesariamente del tamaño de la ciudad. Frente a la acumulación de población, de empresas y de dimensiones territoriales, factor central en el desarrollo urbano tradicional, hoy una ciudad tiene mayor dinamismo económico si está bien conectada en las dinámicas y flujos de la economía global.

Esa integración exige también que los agentes económicos y empresariales que actúan en el área de influencia de la ciudad también estén conectados entre ellos, en contextos densos de relación y de capital social. Los territorios más competitivos se especializan y concentran en barrios o áreas periféricas sus actividades.

Hoy existen variados rankings y sistemas de comparación entre ciudades que refleja una manera de entender las ciudades y la lógica competitiva. La calidad de vida, la sostenibilidad, la innovación, el carácter global, el poder adquisitivo, la producción científica, el ambiente para los negocios, la creatividad, el ser centros de oportunidad, las más bellas, las que más tiempo te ahorran en movilidad, las más atractivas para los jóvenes, son solo algunos.

Sin duda que se ha producido una “competitividad urbana”, entre la renovación urbana y la gentrificación. Uno de los principales patrones de transformación de las ciudades en las dos últimas décadas ha estado relacionado con los procesos de regeneración urbanística en grandes áreas de pasado industrial. Algunos ejemplos han servido como referencia fundamental en los últimos años y han marcado una agenda urbana sobre la forma de renovar el tejido urbano. Pero estos proyectos no transforman sólo la base física y construida de la ciudad; al contrario, modifican sus funciones y crean movimientos sísmicos que afectan a la ciudadanía.

La ciudad es una celebración, un escenario para el mundo. Las ciudades despiertan admiración, crean mitos que todos quien imitar. Valparaíso por ejemplo, es un lugar que atrae muchos turistas, por la belleza de sus cerros y atracciones.

Es importante hacer notar que la ciudad es el motor de la economía. Las cosas más importantes y los grandes negocios se resuelven ahí, por lo que es importante tener ciudades de calidad y para todos.

Columna publicada para El Mercurio de Antofagasta

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